El comentario de hoy, martes 19 de octubre 2021
Ya hemos comentado aquí, que uno de los rubros económicos más afectados por la contingencia sanitaria es la industria turística. Pese a la afluencia de visitantes que se ha observado en algunos períodos vacacionales, el sector no ha tenido una recuperación importante. Y, por lo visto, la crisis continúa. El anuncio de la suspensión de calendas, comparsas y cierre de panteones en las festividades del “Día de Muertos”, justo cuando se advertía una recuperación por las reservaciones de hospedaje, es premisa de otro golpe letal.
El argumento es que se trata de evitar concentraciones que estimulen los contagios de Covid-19. Esta medida se da por segundo año consecutivo. Sin embargo, lo que resulta una bofetada más a los prestadores de servicios, es la cerrazón, el encono y el odio, que siguen presentes en algunas comunidades que, manejadas por intereses particulares, perviven en medio de ancestrales conflictos agrarios. Nos referimos al anuncio de apertura del balneario natural de “Hierve el Agua”, por parte de vecinos de San Isidro Roaguía, que despertó de inmediato la amenaza de San Lorenzo Albarradas, comunidad que se asume propietaria.
Con afanes violentos, éstos amenazaron que no permitirán la apertura del citado sitio turístico, cerrado desde el inicio de la contingencia. Y Roaguía lo abrió, en abierto desafío a sus vecinos. Esa disputa lleva décadas. Sin embargo, el turismo nacional y extranjero ignora dicha controversia y desea visitar el lugar. Es decir, lo que puede ser un pivote de derrama económica para la zona, es instrumento de conflicto, jaloneos y ambición. Tal cual el que libran Santa Catarina Juquila y Santiago Yaitepec, por el paraje denominado “El Pedimento”.
En Oaxaca están vigentes centenas de conflictos agrarios, algunos de ellos, verdaderas bombas de tiempo. Durante décadas, tal vez siglos, comunidades enteras se han visto inmersas en enfrentamientos y verdaderas masacres. Ahí no hay buena vecindad, sólo odio ancestral, heredado de padres a hijos. Y en ese perpetuo ajuste de cuentas han muerto cientos de personas. Ni las anteriores resoluciones presidenciales ni, mucho menos las sentencias de autoridades y tribunales agrarios, han podido mermar esos diferendos ancestrales. El gobierno estatal ha convocado a comunidades en conflicto a suscribir acuerdos de paz. Se toman la foto y todos felices y sonrientes. Mañana o pasado siguen las vendettas. Más cuando personas o grupos ajenos azuzan a unos u otros. El ejemplo de Roaguía y Albarradas es patético. Empecinados en no dejar que se explote el balneario, están matando a la gallina de los huevos de oro. (JPA)

